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El virus de la hepatitis C no causa síntomas

El virus de la hepatitis C (VHC) se transmite por la sangre y anteriormente se conocía como hepatitis no A/no B. El virus se introduce en el cuerpo mediante la exposición directa a la sangre. Desde allí, ataca a las células del hígado, donde empieza a multiplicarse, causando inflamación del hígado y destruyendo las células hepáticas. Hasta el 80 por ciento de las personas inicialmente infectadas con el VHC pueden quedar crónicamente infectadas, lo que significa que la infección no desaparece en un plazo de seis meses. Casi todos los afectados por el VHC crónico están libres de síntomas y llevan una vida normal. Sin embargo, entre el 10 al 25 por ciento de las personas infectadas con el VHC crónico, la enfermedad sigue progresando durante un período de 10 a 25 años, lo cual puede ocasionar graves daños hepáticos, cirrosis (cicatrices) y cáncer de hígado. En la actualidad, el VHC es la causa principal para realizar trasplantes de hígado. En el presente, no existe una cura ni una vacuna para el VHC, pero sí diversos tratamientos que pueden reducir o detener la replicación del virus y ayudar a frenar o a interrumpir la progresión de la enfermedad en algunas personas.

El VHC se transmite mediante contacto directo de sangre a sangre. Las vías de transmisión son el uso compartido de material para drogas, tanto intravenosas como de otro tipo. Las agujas utilizadas para hacer tatuajes, perforación del cuerpo y acupuntura también pueden propagar el VHC. El uso compartido de objetos personales, como: cuchillas de afeitar, cepillos de dientes y cortaúñas es menos peligroso, pero son vías potenciales de transmisión.

Antes de 1992, muchas personas contrajeron hepatitis C a través de transfusiones de sangre o de productos plasmáticos contaminados. A partir de 1992 empezó a utilizarse un análisis de sangre confiable para identificar los anticuerpos al VHC. Desde entonces se analizan todos los suministros de sangre. En la actualidad, la probabilidad de contraer el VHC a través de sangre contaminada es menor del 0,01 por ciento. Un pequeño porcentaje de personas (aproximadamente del 1 al 3 por ciento de los heterosexuales monógamos) puede contraer el virus mediante prácticas sexuales sin protección. Entre quienes pertenecen a los grupos “de alto riesgo” (hombres homosexuales, prostitutas, personas con múltiples parejas sexuales y pacientes con enfermedades de transmisión sexual) el contagio del VHC por vía sexual parece ser más común. En el 10 por ciento de los casos no se consigue identificar la vía de transmisión del VHC.

La realización de la prueba del VHC no es rutinaria, por lo que deberá solicitársela a su médico. Las pruebas que se explican a continuación pueden ayudar a determinar si existe infección por el VHC. La prueba ELISA del VHC es un sencillo análisis de sangre que puede detectar los anticuerpos producidos en reacción al VHC. El RIBA del VHC es otra prueba de anticuerpos que puede realizarse después de la ELISA para confirmar el resultado positivo. Las pruebas de carga viral miden la cantidad de virus que circula por la sangre.

Las pruebas de carga viral se utilizan para confirmar que existe una infección activa, como herramienta de pronóstico de la respuesta al tratamiento médico y, durante el tratamiento, para evaluar el grado de eficacia de la medicación frente al virus. No se ha logrado establecer una correlación entre la carga viral y el estado de salud del hígado.

Hoy día, el tratamiento estándar es la politerapia de interferón pegilado más ribavirina. El interferón pegilado (PEG) es una formulación de acción prolongada que se inyecta una vez a la semana. Mantiene un nivel más constante de interferón en la sangre y reduce la capacidad de replicación del VHC. La ribavirina es un medicamento antiviral que se utiliza en politerapia con el interferón para tratar la infección por el VHC. La ribavirina por sí sola no es efectiva contra el VHC.

Cancer De Hígado (Hepatoma)

Sociedad Americana del Cáncer

http://www.cancer.org/acs/groups/cid/documents/webcontent/003059-pdf.pdf

¿Qué es cáncer de hígado?

El cáncer de hígado se origina en este órgano. Para comprender mejor el cáncer de hígado, es útil saber algo sobre la función y aspecto normales del hígado.

Carcinoma hepatocelular: ésta es la forma más común del cáncer de hígado en adultos. Comienza en los hepatocitos, el principal tipo de células del hígado. Alrededor de tres de cada cuatro cánceres originados en el hígado son de esta clase. El cáncer hepatocelular tiene distintos patrones de crecimiento.

¿Cuáles son las causas del cáncer de hígado?

Un factor de riesgo es cualquier cosa que afecte las probabilidades de una persona de tener una enfermedad. Los distintos tipos de cáncer conllevan diferentes factores de riesgo. Algunos factores de riesgo, como el fumar, pueden controlarse. Otros, como la edad de la persona o sus antecedentes familiares, no se pueden cambiar. Sin embargo, los factores de riesgo no lo indican todo. El tener un factor de riesgo, o incluso varios, no significa que una persona desarrollará la enfermedad. Asimismo, muchas de las personas que no presentan ninguno de los factores de riesgo conocidos pueden llegar a padecer cáncer.

Estos factores de riesgo hacen que una persona tengan mayores probabilidades de padecer el carcinoma hepatocelular (hepatocellular carcinoma, HCC).

Sexo: los hombres son más propensos de desarrollar cáncer de hígado que las mujeres. Esto puede deberse a las conductas que se mencionan a continuación, tal como el hábito de fumar y un abuso en el consumo de alcohol.

Raza/grupo étnico: en los Estados Unidos, los asiáticoamericanas y los isleños del Pacífico tienen las tasas más altas de cáncer de hígado, seguidos por los indios americanos/oriundos de Alaska y los hispanos/latinos, los afroamericanos y los blancos.

Ciertos tipos de enfermedad hepática: el factor de riesgo más común del cáncer de hígado es la infección con el virus de la hepatitis B y el virus de la hepatitis C (HBV y HCV, por sus siglas en inglés). Estas infecciones inducen cirrosis y son comunes en muchas partes del mundo. En los Estados Unidos, la hepatitis C es la causa más común para el cáncer de hígado, mientras que en otros países, es más común que la hepatitis B sea la causa. Estos virus son transmitidos entre las personas por compartir agujas contaminadas (por ejemplo, al usar jeringas infectadas durante el consumo de drogas), así como a través de la actividad sexual sin protección, o durante el parto. También pueden transmitirse a través de transfusiones sanguíneas, lo cual sería muy poco probable que ocurriera en los Estados Unidos debido a que los productos sanguíneos son sometidos a pruebas para la detección de virus. Las personas infectadas con hepatitis A no tienen un aumento en el riesgo del cáncer de hígado.

A continuación se mencionan algunas de las enfermedades hereditarias del hígado que incrementan el riesgo de desarrollar cáncer de hígado.

Cirrosis: enfermedad en la que las células hepáticas se han deteriorado y han sido reemplazadas con tejido cicatricial. Esto a menudo puede resultar en cáncer. En los Estados Unidos, las principales causas de cirrosis hepática son el abuso del alcohol, y la hepatitis B y C. El hígado graso no debido a consumo de alcohol es una enfermedad bastante común en la cual las personas que no consumen alcohol desarrollan un hígado graso y posteriormente padecen cirrosis. Otra causa es una enfermedad (llamada hemacromatosis) que es causada por el exceso de hierro en el hígado. Otras enfermedades poco comunes también pueden causar cirrosis.

¿Se puede prevenir el cáncer de hígado?

Las medidas de salud pública que reducen la exposición a los factores de riesgo conocidos pueden ayudar a prevenir muchos casos de cáncer de hígado.

Evitar las infecciones de hepatitis

El mayor factor de riesgo para el cáncer de hígado, a nivel mundial, es la infección con el virus de la hepatitis B o C. Existe una vacuna para prevenir la hepatitis B. Todos los niños (al igual que los adultos en un riesgo elevado) deben vacunarse.

No existe una vacuna para la hepatitis C. La prevención contra esta enfermedad (y la hepatitis B en personas que no han sido vacunadas) se basa en saber cómo se propaga este virus. El virus se propaga a través de las transfusiones sanguíneas, al compartir agujas de jeringas contaminadas (como durante el abuso de drogas), al tener sexo sin protección y durante el parto. En los Estados Unidos, el riesgo de contraer una infección de hepatitis por una transfusión de sangre es muy bajo.

Existe un grupo de medicamentos usados para tratar a las personas con hepatitis B o C. Aún se siguen llevando a cabo estudios para determinar qué tan efectivos son estos medicamentos. También está bajo estudio determinar si pueden ayudar a prevenir el cáncer de hígado. Si usted tiene hepatitis B o C, debe hablar con su médico sobre estos medicamentos.

Limitar el consumo del alcohol y abandonar el tabaco

En los Estados Unidos, el abuso del alcohol es la causa principal de la cirrosis que causa cáncer de hígado. Sin embargo, resulta difícil prevenir el abuso del alcohol. Dejar de fumar también puede reducir ligeramente el riesgo de cáncer de hígado, así como reducir el riesgo de muchas otras enfermedades muy peligrosas.

¿Cómo se detecta el cáncer de hígado?

Muchas personas que desarrollan cáncer de hígado han padecido cirrosis durante un periodo de tiempo prolongado. Si un paciente de cirrosis empeora sin razón aparente, los médicos deben sospechar que la causa pudiera ser el cáncer de hígado y deberán realizar las pruebas necesarias para determinar si este es el caso.

Prueba de la AFP

Los cánceres a veces pueden detectarse usando un estudio de la sangre que detecta una proteína llamada AFP (alfaproteína). Si se detecta en la sangre de los adultos, puede que sea un indicador del cáncer de hígado (o de otro tipo de cáncer). Las pruebas de la AFP se han usado para detectar tumores iniciales en las personas que tienen un alto riesgo de padecer cáncer de hígado. Algunos tumores no producen mucha cantidad de esta proteína. Así, cuando la AFP es lo suficientemente abundante para detectarse, puede que el tumor ya haya crecido demasiado para poder ser extirpado con cirugía, o que el cáncer se haya ya propagado fuera del hígado. Algunas enfermedades del hígado que no son cáncer también pueden aumentar los niveles de la AFP.

Sonografía

La sonografía es un estudio que usa ondas sonoras para formar imágenes de los órganos internos del cuerpo. Durante una sonografía es necesario recostarse sobre una mesa mientras una vara se mueve a través de la parte del cuerpo a ser estudiada. Esta prueba se usa en las personas que tienen ciertos factores de riesgo del cáncer de hígado para ayudar a detectarlo más temprano. Se pueden realizar pruebas de cualquier masa (tumor) en el hígado para determinar si se trata de cáncer, si es necesario.

¿Quién debe someterse a las pruebas?

Las personas con un riesgo más alto de cáncer de hígado pueden beneficiarse de las pruebas de detección. (Las pruebas para detección del cáncer se realizan antes de que las personas presenten algún síntoma). Muchos doctores recomiendan las pruebas para ciertos grupos en alto riesgo.  Esto incluye a las personas con cirrosis, especialmente para los casos graves en los que el paciente está en la espera de un trasplante de hígado.

Algunas personas con infecciones crónicas con el virus de la hepatitis B o C deben ser sometidas a las pruebas, tales como aquellas con un historial familiar de cáncer. Para las personas en otros grupos de riesgo, puede que los beneficios de someterse a las pruebas de detección no sean tan evidentes. Si usted considera que está en un grupo de alto riesgo, hable con su doctor sobre si someterse a las pruebas de detección es una buena idea para usted.

¿Cuáles son los síntomas del cáncer de hígado?

La mayoría de las veces el cáncer de hígado no causa síntomas en sus etapas iniciales. Los síntomas a continuación podrían ser causados por cáncer de hígado, pero también podrían ser a causa de otros cánceres u otras enfermedades. Independientemente, si usted tiene alguno de los siguientes problemas, consulte a su médico inmediatamente:

• Pérdida de peso (cuando no está tratando de perder peso).

• Falta de apetito constante.

• Sensación de llenura tras comer poco.

• Náuseas o vómitos.

• Fiebre.

• Agrandamiento del hígado o protuberancia que pueda sentirse sobre el costado derecho.

• Dolor de estómago constante.

• Inflamación en el abdomen.

• Picazón.

• Coloración amarillenta de la piel y los ojos (ictericia).

• Inflamación de las venas en la región del abdomen que pueden apreciarse a través de la piel.

• Empeoramiento de la enfermedad en el caso de tener hepatitis o cirrosis.

¿Cómo se trata el cáncer de hígado?

Después de haber detectado y clasificado el cáncer de hígado, su doctor hablará con usted sobre las opciones de tratamiento. La selección del plan de tratamiento es una decisión importante.

Cirugía

Actualmente, la cirugía ofrece la única posibilidad de curar el cáncer de hígado. La cirugía se realiza ya sea extirpando el tumor o mediante un trasplante del hígado. La mejor perspectiva de supervivencia se da cuando el cirujano determina que puede extirparse todo el cáncer que identifica en el momento de estar realizando la cirugía. Pero la extirpación total de la mayoría de los cánceres del hígado no es posible. A menudo el cáncer es de gran tamaño y se encuentra en distintas partes del hígado, o bien, se ha propagado más allá de este órgano. Además, muchas personas con cirrosis no cuentan con un hígado lo suficientemente sano como para que la cirugía les represente una opción.

Trasplante de hígado

Una opción para las personas con cánceres pequeños de hígado es un trasplante de hígado. Por el momento, el trasplante se reserva para aquellos con tumores pequeños que no pueden extirparse totalmente, ya sea por la ubicación de éste en el hígado, o por que no quedaría suficiente hígado sano tras una extirpación.

Por lo general, la disponibilidad de hígados para trasplantes es escasa para los pacientes con cáncer debido a que suelen destinarse para enfermedades que son más curables. A menudo, los pacientes están en espera por mucho tiempo para lograr encontrar un hígado. Por esta razón, algunos doctores primero sugieren una resección limitada y luego un trasplante si el cáncer regresa.

Otra alternativa que se ha utilizado en años recientes es contar con un donante en vida y que éste dé parte de su hígado para que sea trasplantado en su pariente cercano. Esto puede dar buenos resultados, pero conlleva riesgos para el donante. En los Estados Unidos, cada año se realizan alrededor de 300 trasplantes de donantes vivos. Sólo un pequeño por ciento es para personas con cáncer de hígado.

Ablación del tumor y embolización

La ablación consiste de un tratamiento que destruye el tumor sin extirparlo. Existen varias formas de hacer esto y estos tratamientos por lo general se usan en pacientes con sólo unos cuantos tumores que no pueden extraerse con cirugía. A veces también se usan para tratar el cáncer de hígado en pacientes que esperan por un trasplante. Estos métodos no se usan con el fin de curar el cáncer, sino para ayudar a que las personas vivan más tiempo.

La embolización es otra opción para los tumores que no pueden ser extirpados. Se inyecta una sustancia en la arteria que suministra sangre al tumor para bloquear el flujo de sangre, lo cual dificulta el crecimiento del tumor.

La quimioembolización conlleva agregar quimio a la embolización. Se están llevando a cabo estudios para determinar si esto ofrece mejores resultados que la embolización sola.  La radioembolización combina la embolización con el tratamiento de radioterapia. Esto se realiza al colocar pequeños gránulos radioactivos en la arteria que alimenta al hígado. Esto administrará pequeñas cantidades de radiación a los sitios del tumor únicamente.

Radioterapia

La radioterapia es un tratamiento que usa rayos de alta energía para eliminar las células cancerosas o encoger los tumores. La radiación externa aplica la radiación desde fuera del cuerpo hacia el cáncer. Las células cancerosas del hígado pueden combatirse con radiación, pero este tratamiento no puede usarse en altas dosis debido a que también mata tejido sano del hígado. Puede que este tipo de radiación se utilice para encoger el tumor en el hígado o para dar alivio de los síntomas, como el dolor, pero no cura el cáncer de hígado y por lo general no prolonga la vida de las personas.

Quimioterapia

La quimioterapia (o “quimio”) es el uso de medicamentos para destruir las células cancerosas. Por lo general los medicamentos se administran a través de la boca o las venas. Una vez que los medicamentos se encuentran en la sangre, éstos se propagan por todo el cuerpo. Esto resulta útil para el cáncer que se ha propagado a órganos distantes.

El cáncer de hígado no responde a la mayoría de los medicamentos de la quimioterapia. Los medicamentos que han funcionado mejor son la doxorrubicina (Adriamycin®), el 5- fluorouracilo y el cisplatino. Pero la mayoría de los estudios no han mostrado que la quimioterapia sea útil en prolongar la vida de las personas con cáncer de hígado.

Infusión de la arteria hepática: debido a que la quimioterapia convencional no es muy eficaz contra el cáncer de hígado, los médicos han estudiado colocar los medicamentos de quimioterapia directamente en la arteria hepática. A esta técnica se llama infusión de la arteria hepática (HAI). La quimioterapia llega hasta todo el hígado a través de la arteria hepática, pero el hígado saludable descompone la mayor parte del medicamento antes de ser alcanzado por el resto del cuerpo. De esta manera se administra más quimioterapia al tumor y esto puede causar menos efectos secundarios o efectos menos graves.

Aunque los estudios preliminares han encontrado que la infusión de la arteria hepática es eficaz encogiendo un número de tumores, aún se necesita más investigación sobre este procedimiento. Este método puede que no sea útil en todos los pacientes, ya que a menudo significa que se requiere cirugía para colocar un catéter. Es posible que muchos pacientes de cáncer de hígado no puedan tolerar esta cirugía.

Rafael J. Pastrana, MD